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Mostrando entradas de octubre, 2008

Educación en la certeza y no en la creencia

El presidente de México, Felipe Calderón, en una de sus intervenciones en El Salvador se dirigió a la asamblea –retirando la vista de la lectura del documento guía– y les preguntó a los presentes en qué podrían creer hoy los jóvenes. Textualmente Calderón dijo: “...hoy los jóvenes no creen en nada. No creen en los políticos, y estoy seguro que no decepciono aquí a nadie, todos lo sabemos. No creen ahora en la economía, porque la economía ha fracasado; no creen en el capitalismo, que está mostrando sus terribles deficiencias; y no creen tampoco en el socialismo, que murió hace rato, antes de que ellos nacieran. No creen y si no creen, y se puede debatir acerca de estos sistemas; en lo menos que creen es en las ideologías. Probablemente no creen muchos en Dios, porque van hacia un siglo de un gran agnosticismo. ¿Cómo puede construirse un futuro sin creer en algo?” “Es necesario creer en algo”. Ahí está la frase, la sentencia, la declaración. Creer es sinónimo de tener confianza, s

Los yucatecos: obligados a erradicar el tumor de la difamación

Las fuerzas de la mentira difamante atacan sin cesar. Transformar verdades en mentiras y mentiras en verdades es su única razón de ser, de existir. Es el juego de "hacer creer" para sostener el sistema de la simulación. Es un sistema que requiere que las cosas "parezcan" lo que no son para que la gente "crea" lo que no es. El apoyo irrestricto del modelo socialista es una clara consecuencia de una imposibilidad sistémica en dominar con maestría el sistema del azar. El capitalismo no es una promesa de bienestar generalizado, sino un camino que genera inventiva, innovación, productividad, competitividad y evolución tecnológica en un ambiente de total incertidumbre. La generalización del bienestar depende de la evolución tecnológica, y ésta, a su vez, depende de la competitividad. Sin retos no hay cambio. Con retos no hay igualitarismo, sino todo lo contrario. El impreso difamador disemina sugerencias constantes contrarias a la competitividad. Así, acaricia p