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Mostrando entradas de abril, 2008

El que ataca porque la votación no le favorece es un delincuente.

Todo parece ser totalmente inútil: la gente del PRD, los de la FAP, en fin, la gente que ha quedado ya hipnotizada, cegada por la imagen facial de facto de la mujer de apellido Sheinbaun por el hombre del pelo cenizo de apellido López, ya no puede concebir otra acción correcta que la de destruir a México. Ellos ya están convencidos de que todo en México está mal, y, por lo tanto, todo puede ser destruido para que después, ellos o gente como ellos, lo vuelvan a construir mejor. Sin embargo, a pesar de que han enviado las instituciones al diablo, no quieren que la institución PEMEX cambie. Esta institución no se puede ir ni al diablo ni al cordero, según ellos. Es la diosa sagrada. Ésta tiene que quedarse exactamente como está, y, lógico, todas las demás se deben o se pueden ir al diablo. Claro, nada de eso tiene lógica, y menos cuando lo que se pretende es hacer un país mejor. La actuación de eso que hoy le están llamando la "izquierda mexicana" es algo así como una caricatura

La difamación con calumnia continúa en su apogeo

Las palabras mentirosas continúan apareciendo en el papel que se distribuye y en el territorio cibernético. Llevan información falsa. Pagan anunciantes para que se impriman las mentiras y pagan los lectores para leer mentiras. Grandes volúmenes de tinta y tiempo de seres humanos se invierten en preparar, producir y distribuir más y más crasas mentiras. El mentiroso lanza su falsedad y ésta llega a la mente de los que leen el texto inútil. El mencionado puede optar por ignorar la calumnia difamante mientras su persona continúe libre de perjuicio causado por la mentira circulante. Sin embargo, es prácticamente imposible que una mentira repetida día tras día, mes tras mes, año tras año durante más de diez años, no haya ya formado una imagen falsa en cientos de miles de personas, si es que no millones. El mencionado, sin embargo, tiene derecho a que su imagen sea totalmente limpiada, tiene derecho a que durante otros más de diez años, ese mismo medio diga, cada tres o cuatro días, que e