Liberarnos del uso del dinero nos hará más felices

Libertad humana

Después de ver los documentales Zeitgeist, sientes ganas de escribir lo que a continuación te presento.

¿Vive realmente el ser humano en libertad? Estamos haciendo esta pregunta en enero de 2013. ¿Vivimos en libertad?

Aclaremos acerca de cuál humano estamos haciendo la pregunta. Es obvio que en diferentes regiones, países, continentes, la vida de los humanos presenta particularidades. En algunos lugares el concepto de libertad humana tiene un sentido en tanto que en otros tiene otro sentido.

Por lo tanto, aclaremos: estamos haciendo la pregunta acerca del humano en general, considerado como ese ser que pertenece a la cultura hegemónica, la cultura que está convirtiéndose en el punto de referencia de todas las demás culturas.

¿Hay libertad en la cultura hegemónica?

Cualquier persona del mundo actual —probablemente perteneciente a cualquier cultura existente hoy— que oyera la pregunta, se aprestaría a responder rotundamente que . Es más, te diría, de inmediato, que no solo hay libertad, sino que también hay democracia. Esta, todos ya sabemos qué es: nos invita a pensar o sentir que el poder reside en la gente en general y no en los políticos o el gobierno.

¿Y de dónde viene ese “poder”? Se desprende de la conclusión de lo que hacemos el día de elecciones: vamos todos a las urnas y depositamos nuestro “voto”. Con eso estamos tranquilos y creemos que “ya hemos participado”; creemos que “ya hablamos y se nos escuchó”. Por lo menos, ese es el sentimiento.

La realidad es que estamos todos sujetos al movimiento del dinero. El lugar en donde “trabajamos” es, generalmente, un centro que se dedica a hacer algo para ver cómo colocan más dinero en sus cuentas bancarias. Lo que hacemos no necesariamente es lo más útil para el resto de los humanos, sino que es lo que encuentran quienes nos dan el trabajo, que más contribuye al flujo del dinero, elevando sus ganancias.

Vamos a trabajar y aceptamos un trabajo que quizás no nos interesa en lo absoluto, porque tenemos deudas. Y las deudas son por algo de más que necesitamos en un momento dado y que tuvimos que pagar antes de recibir fondos suficientes. Obvio, se trata de algo que no cuadra. ¿Por qué debe uno adquirir una deuda? “Es que en realidad solo se endeuda quien así desea hacerlo.” ¡Falso! Todos, absolutamente todos, estamos sujetos a lo que el ambiente nos va imbuyendo. No tenemos control sobre lo que se nos inyecta. La prueba es fácil de encontrar cuando vemos que el proceso de endeudamiento no es asunto de unos cuantos —una minoría— sino de grandes proporciones de personas.

Por otra parte, para que el sistema continúe funcionando, es necesario que todo mundo entre al juego del ciclo del dinero. Cuando analizamos las graves crisis económicas que se han dado —la Gran Depresión, por ejemplo— nos vamos a dar cuenta de que, en realidad, todas las empresas y sus instalaciones estaban intactas. Entonces, ¿por qué la depresión en sí? Porque el fenómeno es parte de un juego del dinero y de los que basan su poder en la acumulación de dinero.

Quien tiene dinero puede hacer que las personas que no tienen dinero, hagan —dentro de ciertos límites, desde luego— muchas cosas solo porque quien tiene dinero así lo desea. ¿Son cosas que benefician al resto de la humanidad? No necesariamente; en todo caso, son cosas que le hacen sentir bien a quien paga para que se hagan. Es muy difícil que quien tiene dinero lo aporte para que suceda algo que no le beneficiará en forma directa —provocando que le lleguen más ingresos.

Cancelando el uso del dinero

¿Se podría prohibir el uso del dinero? Sí: prohibirlo, totalmente. A ver, ¿qué es lo que sustituye al dinero?

Lo que sustituiría el uso del dinero sería nada más y nada menos que la honradez. Si la persona es honrada, no se requiere el uso del dinero para que haga lo que debe hacer —lo que puede hacer, que resulta en beneficio para los demás— y tome de lo que los demás han hecho solo lo que requiere para vivir.

Una de las primeras cosas que deberían suceder, es la transformación de todos los humanos vivos en personas que solo coman lo que viene de las plantas. Los lugares en donde se cultivan plantas son regiones que ayudan a que el medio ambiente sea mejor. En cambio, en donde se crían animales, se dan casos de extrema contaminación y generación de virus letales para la especie humana. Urge realmente, un cambio radical en este aspecto.

La cancelación del uso del dinero —es decir, la desaparición de dinero para cualquier cosa— tendría como colofón la anulación de la propiedad privada de la tierra. La tierra sería para uso colectivo de quienes estén capacitados para extraer de ella lo que se necesita como alimento. ¿Quién cultivaría la tierra si no hay dinero para vender lo que se va a hacer?

Aquí entra en juego la honradez vital: a algunas personas les va a gustar dedicarse al trabajo de la tierra, compartiendo la actividad con otras personas. Entre todos van a convivir generando productos que todos usarán.

¿Y los que aprovecharán esos productos? Nadie lo aprovechará más que en lo personal. Es decir, vas a tomar solo lo que te corresponde en lo personal. ¿Para qué quieres más? Ah, supongamos que quieres más para llevarles —transportar— a otros, porque es lo que te gusta hacer: transportar. ¡Pues eso harás! Tomarás un vehículo… ¡ah, y el vehículo quién lo hará! Los mismos que hoy están haciendo los vehículos, excepto que solo se quedarán las personas a las que lo harán porque les gusta.

Además, muchas actividades se irán mecanizando progresivamente. Es decir, cada día más y más actividades requerirán menos y menos de la presencia o actividad concreta —el trabajo— de los humanos. Por lo tanto, estos tendrán el privilegio de hacer lo que tengan ganas de hacer. Estarán disponibles para ser útiles en lo que sea y cuando la comunidad requiere actividades especiales, allí estarán por ética simple, para aportar todo aquello de que sean capaces y contribuir así a la resolución de los momentos de emergencia.

Todo está interconectado, pero requiere, cada paso, el uso del dinero (hoy). Pero puede hacerse, con honradez y estricta racionalidad, sin dinero de por medio. ¿Qué pasa si el ingeniero diseña una pieza y necesita que esta sea hecha con cierta aleación de metales? Dará la fórmula y por allá habrán varios lugares en donde podrán hacerlo con esas especificaciones. Dirá cuántos necesitan y recibirá ofrecimientos: entonces aceptará los que le parezcan que requerirán menos deterioro en el medio ambiente.

Ese mismo ingeniero recibirá ofertas de piezas. ¿Por qué? Quizás por el reto personal de hacer bien las cosas, de serles útil a los demás. Todos tendremos algo que agradecerles a los demás, porque lo que comemos, lo que usamos para vestir y calzar, está hecho por los demás.

¿Vamos a tener un carro parado, allí, esperando que se nos antoje usarlo, mientras el vecino tiene que correr para subirse a un camión o tiene que llamar un taxi? Probablemente, subirse a un camión o llamar un taxi dejarán de ser problema, como también dejará de ser problema tomar un carro de los que estarán allí, a tu alcance, disponibles. Lo usarás y cuando hayas terminado de usarlo, lo regresarás y listo.

Y muchas más veces que antes vamos a usar transporte colectivo. Y quienes conducirán el transporte colectivo, lo harán menos horas al día, porque habrá muchos más que disfrutarán hacerlo unas dos o tres horas y luego otros vendrán a hacerlo y así sucesivamente.

¿Toda la gente va a ser “buena” de la noche a la mañana? La reacción sería algo así como un terremoto pero sin desastres, o un huracán sin destrucción. De pronto, de un día para otro, se te pide que sigas haciendo lo que estás haciendo; que sigas consumiendo lo que estás consumiendo (quizás que te abstengas de almacenar grandes cantidades, sobre todo si algo podría echarse a perder); que te abstengas de desperdiciar lo que sea: energía, alimentos, agua, etc.

¿Seremos más libres?

Entonces seremos realmente libres, porque solo haremos aquello que sabemos que es útil para los demás que escojamos libremente hacer, no porque la paga es mayor, no porque tenemos influencias para entrar a ese trabajo, sino porque haciendo eso seremos más útiles para el resto. Y todos nosotros vamos a desear que los demás también sean útiles en lo que sea que hagan.

A mí me gusta escribir. ¿Qué escribiré? Lo que sea más útil para que los que están ocupados en la comunidad se enteren de lo que por otro lado sucede y qué pueden hacer para cooperar.

¿Habrá escasez de algo? Probablemente serán mas escasas las cosas menos útiles para que todos vivamos bien.

¿Y qué hacemos con la compra de cámaras finas para filmar películas? ¡Ah, desde luego! Allí van a estar las cámaras disponibles para los que tengan buenas e interesantes ideas para convertir en películas o series, porque la gente también va a querer ver creaciones fílmicas interesantes. Continuarán existiendo los documentales, que son los que permitirán que en todas partes nos informemos de cómo resuelven algunos problemas en otros lugares.

De lo que se trata es que estemos todos conscientes de qué es lo que podemos aportar en lo personal, al mismo tiempo de estar conscientes de qué es lo que necesitamos realmente para nosotros mismos.

Relaciones entre humanos

Esto es lo que más cambiará con el paso del tiempo. Al dejar de ser el dinero un factor, solo quedan las personas para relacionarse entre sí.

Probablemente en una situación así, lo que hoy conocemos como matrimonio monógamo desaparecerá para siempre.

Vamos a tener muchas sorpresas en cuanto a la felicidad del humano en general una vez que estemos inmersos viviendo en un mundo sin dinero.

Antes pasaban por tu casa para venderte algunas frutas, verduras y demás. Ahora tú irás para encontrar esos frutos y verduras especiales que te llevaban. El movimiento será más justo. Eventualmente, tú descubrirás que puedes hacerles un gran favor a tus vecinos, llevando a tu zona, verduras y frutos, para evitar que todos tengan que ir.

Zeitgeist tiene una gran idea: debemos encontrar la forma de ponerla en práctica ya.

 

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